jueves, 30 de abril de 2009

La oración de la urraca.

Y voló el ave sobre las hileras de cubos,
Que cubiertos de cal duermen sobre las faldas de la montaña.
Se postró sobre la voz y la fuerza del hombre,
Pronto llegaron más en parvada.
Es una nube negra y de brillo nácar.
De picos y alas vestidos de gala.

Alrededor de la madre urraca, todos urracaban.
Sus miradas atentas.
Sus cabezas redondeadas.
Y sus picos hambrientos de voz,
Pues solo la voz les faltaba.

Gritos y silencios son su oración al dios de la anhelada habla.
Maldecían con los ojos mientras bendecían con las alas.

La presencia del dios anhelado les espanta.
Súbita y gradualmente se dispersan,
Como el hombre mismo que huye ante la luz del silencio,
Que ensordece ante el sonido del que no habla.

El hombre/dios se ha ido.
Se quedó sola la montaña, con sus secretos y sus palabras.
Testigo de dioses ocultos en las obscuras miradas
Testigo de demonios incrustados en las negras alas de los hombres
Y en la voz de las urracas.

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