Música tradicional japonesa, estado de trance.
El constante sonido agudo de las cuerdas me sintoniza con una época en la que no viví ni morí, pero que puedo tocar, apenas rozar cuando escucho estas notas.
Nubes grises, tierra húmeda, flores de cerezo aplastadas contra las pequeñas piedras de río, aplastadas por mis pies descalzos. Vengo aquí con poca frecuencia. Es la montaña como un imán que cada cierta larga temporada se polariza y me atrae. Soy un imán diminuto, endeble.
Tras cruzar el río la tierra cambia. Es más húmeda. Me hundo en ella a cada paso que doy. No lo puedo evitar, voy camino a la montaña, de regreso al seno que me cobijará y me renovará esta noche.
La vegetación me escucha, me reconoce. El zacate fino y silvestre voltea a verme. La tierra misma se ondula como tratando de imitar con inocencia a las olas de un mar agreste.
Detenerse y respirar.
Dirijo la mirada hacia el río, ahora de piedra. El agua desvió su cauce y me viene siguiendo. Trata de ser sigilosa y se disuelve en la tierra cuando se da cuenta que estoy consciente de su presencia. La tierra se humedece aún mas. Yo me hundo más.
Sobresale de mi cuerpo lo suficiente para poderme arrastrar entre las ramas que gritan y me muerden a medida que las uso para mantenerme "a flote" y avanzar. Algunas ramas se ofrecen en sacrificio para hacer mas leve mi travesía; Otras ramas crecen espinas; Y otras pocas ramitas florecen y se secan hasta verse reducidas a polvo.
...Ya no veo nada. Estoy bajo tierra.Oigo la música aún. Mi cuerpo siente que se mueve con la facilidad de un danzante. Vuelo entre raíces y sedimentos. Mi cuerpo gira alrededor de un "mi cuerpo" inmóvil como un fósil. Tengo un segundo cuerpo. Es blanco, sin rasgos ni detalle alguno.
Me he convertido en un boceto humano. Líneas azules, horizontales recubren este embrión, esta larva de hombre. He viajado al tiempo sin textura.
Ya no veo mi otro cuerpo. Ya no veo la raíz o el guijarro. La visión ha dejado de ser subjetiva. Sin embargo oigo a lo lejos las notas mas agudas y fuertes aún.
Oigo llanto.
...Y soy llanto... así...de la nada. Alguien que no reconozco me llora y soy sus lágrimas.
Me evaporo.
La música cesa. El campo reverdece en las faldas de la montaña. Las lluvias me han traido de nuevo al lugar donde dejé mi coraza. El río ha vuelto a su cauce, mas ya no esta solo. Le creció una rama que emula un recorrido en secreto explorado. Flores blancas lo escoltan.
Y la lluvia cae y caigo con ella. Me sumerjo entre cada grieta reseca. Me absorben la tierra y el agua por igual. Me absorbe la montaña y me nutro de ella. Con la avaricia de un pez me adentro en su núcleo. Dejo detrás esencias, recuerdos, alegrías y dolor; segmentos de historias, leyendas. Y eso, todo, la tierra lo expulsa de si, lo orilla a su capa mas externa. Se abre paso entre insectos y roedores. Y a medida que se es emanado relentece.
Truena.
Un olor a tierra mojada impregno el lugar ese día.
Nadie me ha vuelto a ver.