sábado, 29 de agosto de 2009

odio la frontera.

Quiero llorar, y que mis lágrimas me remuerdan la piel en su recorrido al bosque infértil en mi pecho. Quiero ver en esos surcos serpenteantes, franjas de carne salada, viva, caliente, palpitante; quiero incluso probar mi sangre y saber a qué sabe la muerte en vida.
Mientras, mi cabeza estalla. Estoy alerta, como un cazador. Voy cazándome. Bloque a bloque desintegro mi identidad, cambio bloques de lugar, juego al jenga con mi vida. Soy malo jugando al jenga. Tengo pulso de viejo, me vino junto con el alma. He de morir muy joven.

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